Me alegra pensar que estoy solo con las hojas secas, víctimas de los embates del viento y el destino (que suelen actuar en conjunto). Me alegra pensar que cuando multitudes las pisan y arrastran contra la tierra su sonido se pierde, se olvida y se sepulta, ahogado en la maraña de las masas ruidosas. Casi puedo olerlas, pero su aroma no existe y apela a mi tacto para manifestarse, pues siento en su humedad ese olor a hoja seca. Si las mueves lo suficiente puedes volverte un magnate pretencioso de las maravillas del mundo, cerrar los ojos e imaginar insolentemente que es el mar que golpea los tímpanos con la fuerza de una ola y la sutileza de unas palabras sucias al oído. Son mías, cada una de ellas está cuidadosamente rotulada, poseen numero de identificación en mis palabras. Todas se llaman igual y todas viven lo mismo, todas poseen el mismo color y todas se cuelan entre mis dedos, gobernando mis manos y ejerciendo una soberanía premeditada por cielo, mar y tierra. Evito usar palas y escobas; suelo recogerlas con las manos, de a puñados. Bailan a mi alrededor y huyen del tarro sin fondo al cual, dolorosamente las confino. Me recuerdan la intolerancia de la higiene ambiental al discriminarlas y catalogarlas de "basura otoñal", mas feliz viviría tranquilo sabiendo que nadie las molesta y se encargan de dar color a las estaciones con una bonita alfombra crujiente y dorada, húmeda y seca a la vez. No me importan agujeros, canaletas y colectores de aguas lluvias. Las prefiero como responsables de mi muerte y la de todos; morir ahogados a manos de las hojas secas que caían de sus tronos por procesos de génesis natural. Defunción actualizada en mi certificado, quitando con una goma de miga de pan la palabra homicidio, accidente , enfermedad.
Las Hojas secas son el ocaso de la existencia, el emocionante punto culmine de una hoja verde.Nuevamente el viento las mueve y las condensa, las hace correr por el concreto y aparentar ser los pasos de un desconocido. Dependen de los soplidos del aire para articular destino, fundamento y meta, acción y reacción, vida y muerte. Como los ojos del Dios vigila sus movimientos. Como tus ojos claros me miran y como tus caricias contraen las añoranzas del estar juntos. Te recuerdo inmediatamente, cuando un ápice de belleza ,sumergida en la banalidad del mundo ,emite señales que me permitan darme cuenta que existen tesoros hermosos, que existen porque deben existir y que se esconden porque la idiotez no permite mirar su fuente. Que imbéciles fuimos algunos por taparnos los ojos ante las codicias de un éxito cegador. Donde estabas? Donde estaba el viento que me lanzó con suavidad para caer al seno de tu tierra. Donde estaba esa suave brisa que me empujó a tu vida?. La esperé sin pensarlo, la llamé sin hablarle, la busque sin mirarla y no encontraba la experiencia que me salvaría de mi condena a una verde rigidez. Ahora , ya en el suelo, mi proceso se invierte y comienzo a flotar lentamente, con el fin de llegar a un árbol propio, donde se permita bailar juguetonamente con tu brisa inquieta para siempre. Donde el dolor de los cambios estacionales , del calor intenso y la frialdad cortante no me hagan esperar un nuevo ocaso y un nuevo viento indecoroso que me arroje con violencia a la podredumbre de un suelo, donde se han barrido las alfombras doradas que pensé para ti.
Las Hojas secas son el ocaso de la existencia, el emocionante punto culmine de una hoja verde.Nuevamente el viento las mueve y las condensa, las hace correr por el concreto y aparentar ser los pasos de un desconocido. Dependen de los soplidos del aire para articular destino, fundamento y meta, acción y reacción, vida y muerte. Como los ojos del Dios vigila sus movimientos. Como tus ojos claros me miran y como tus caricias contraen las añoranzas del estar juntos. Te recuerdo inmediatamente, cuando un ápice de belleza ,sumergida en la banalidad del mundo ,emite señales que me permitan darme cuenta que existen tesoros hermosos, que existen porque deben existir y que se esconden porque la idiotez no permite mirar su fuente. Que imbéciles fuimos algunos por taparnos los ojos ante las codicias de un éxito cegador. Donde estabas? Donde estaba el viento que me lanzó con suavidad para caer al seno de tu tierra. Donde estaba esa suave brisa que me empujó a tu vida?. La esperé sin pensarlo, la llamé sin hablarle, la busque sin mirarla y no encontraba la experiencia que me salvaría de mi condena a una verde rigidez. Ahora , ya en el suelo, mi proceso se invierte y comienzo a flotar lentamente, con el fin de llegar a un árbol propio, donde se permita bailar juguetonamente con tu brisa inquieta para siempre. Donde el dolor de los cambios estacionales , del calor intenso y la frialdad cortante no me hagan esperar un nuevo ocaso y un nuevo viento indecoroso que me arroje con violencia a la podredumbre de un suelo, donde se han barrido las alfombras doradas que pensé para ti.