miércoles, 6 de febrero de 2008

Desde Diesel --- Parte I

En un minuto mas serán las 3 y media de la mañana... trabajo en una caseta de una gasolinera, toda la noche, que en esta época es calurosa, poco húmeda y en este horario silenciosa. Unas pocas luces se asoman en la calle, son faroles y semáforos que siguen indicando el desplazamiento de unos cuantos vehículos que pululan por la ciudad, ordenan lo que no necesita orden, la ciudad está muerta por todas partes. ¿Cuántas embarazadas están dando a luz en este mismo instante?, ¿cuántos llantos fruto de óvulos fecundados están manifestándose y anunciando con los decibeles de la muerte, una nueva vida?. Son preguntas de un simple bombero de Gasolinera.

Si lo pensamos de una forma mas "abierta", podríamos decir que comparto con Dios la gran responsabilidad de "dador" de vida. Fecundo maquinas, vehículos inseminados artificialmente que andan, emiten sonidos, lanzan luces divergentes sobre el mundo y permiten que día a día millones de ciudadanos lleguen a sus ciudadanos destinos para continuar con su ciudadana vida. ¿Que harán?, nacen, crecen, se desarrollan, putean, cogen, estafan, consumen, rezan, lloran, se enferman, vomitan, le roban a los que no tienen, compran televisores lcd, jalan, chupan, violan, sonríen, vuelven a coger, vuelven a llorar, extrañan a las personas que los odian, maltratan a los que aman, piden pinos aromáticos, esperan buses, se prostituyen, dan y piden limosna, se bañan, se ensucian, eyaculan, gritan, corren, orinan, cagan, se pudren y mueren. Es el constante e interminable vals de la vida, gestionado por un empresario barbón, capitalista , omnisciente y que se complace al sentir el delicioso aroma de cordero quemado; DIOS.


El cordero soy yo mismo, parasitado e inmerso en el grande y vicioso circulo de la sociedad injusta con los pobres diablos, las llamas que me consumen son los vaivenes de la vida, esos desgraciados vaivenes de la vida que me hacen querer estar muerto para ponerme por primera vez un terno de calidad y encerrarme en una bonita casa de pino barnizado y hecha a la medida, para poder descansar del palo que tengo clavado en el culo y que me hace dar vueltas a las brasas frente al mostrador , que a su vez es observado por hambrientos espectadores deseosos de verme trozado en una bolsa de aluminio con olor a fritanga; pasé de cordero a pollo frito.
Fenómeno no soy, ente normalizado tampoco, pero cuando lo pienso y lo vuelvo a pensar me doy cuenta que la gente se cree especial. Cada uno de los pilotos que conducen a sus casas o prostíbulos asumen, orgullosos, su condición de "centro del mundo". El antropocentrismo radicalizado en un "yoyocentrismo".
Se lanzan a la bahia del destino con la ilusión de que su camioneta grande y monstruosa les dará un pene mas grande, una casa en la playa y la mirada complaciente del empleado que vendería un riñón para poder subir un estrato en esta ilusión constante de "movilidad social". Acceder a los lugares que frecuentan se vuelve un anhelo disfrazado por la psiquis interna creo yo. Porque cuando nos fijamos que la línea que nos divide está marcada con tinta china, nos baja la retórica asceta y empezamos a despotricar contra los ricos, nos fluye la conformidad como la menstruación en una monja y empezamos con la idea del "estoy bien así". Mentira mas grande no ha conocido la historia desde que nos dijeron que Windows simplificaría nuestras vidas, porque tener un mejor equipo de sonido o un televisor versátil se vuelve la meta de las nuestras aunque no lo queramos.

Acaso trabajamos solo para comer y tener un techo?, por supuesto que no, trabajamos por el dinero que no necesitamos, para comprar cosas que no necesitamos pero que queremos tener porque otros nos han inculcado la idea de que tenerlas es bueno. Las mujeres se compran vestiditos lindos para verse lindas. Lindas ante la sociedad, ante sus pares y contrarios y ante el mundo que las consume. La moda las vuelve un producto en el mercado del sexo imaginario, porque el sexo real termina aburriendo a los consumidores.


Si un día, por un decreto de ley, todo ser humano volviera a su estado primitivo y tribal mas regresivo, andaría desnudo y disfrutaría de un mundo sin problemas contaminantes, comería lo que encontrara caminando por las desiertas calles de la extinta alameda de las delicias y escalando por las enredaderas que han crecido en las antenas de celulares. La vida seria feliz... pero no sirve de nada pensarlo ni escribirlo porque no es así, y nunca va a ser así. Somos la generación mas aburrida de la historia, porque somos todos iguales, consumimos las mismas cosas que consumen las gentes de otros países y nos ahogamos en formulas televisivas repetidas y copiadas de otros reinos donde el gran porcentaje de tontos ha caído (incluyéndome).
Nos gusta ver culos y tetas falsas de modelos sin cerebro,mientras nos jactamos de que la televisión es una mierda, y el que se cree alterno al sistema es el mas sistematizado de todos, pues absorbe un pensamiento resistente al sistema generado por el propio sistema que nos vende la resistencia. La polera del Che Guevara es un producto, la piocha de Allende es otro producto, la ropa libertaria neo-hippie etc. Todas son formas de expresión "alternativa" pero igual a la de todos los asumidos como "alternos", incapaces de formular una propia intervención al sistema.

Solo me queda dejar la retórica y la intervención de la sociedad por medio del pensamiento para concentrarme en los asuntos realmente importantes; estoy solo y estoy extrañando la compañía de la muchacha que vive alterando mis pensamientos locos y tristes; me preparó un par de sandwiches de queso para no morir durante estas largas horas por inanición y a decir verdad, estaban realmente espectaculares.
Nadie sabe derretir la mantequilla como ella, logra darle un efecto de frescura constante, como si la tragaras y poco a poco el sabor se adhiriera a las paredes del esófago. Es un manjar irresistible como sus besos y caricias complacientes, como la mujer que le da palmadas en el lomo a su perro tras una agotadora tarde.
Me mira con la cara de la madre que mira a su hijo cansado, soñoliento y adolorido. Es mi consuelo diario, mi cajita de sorpresas.


Continúa...